Reconocida en todo el país por sus famosos carnavales y sus bellas reinas, Gualeguaychú guarda mucho más que divertidas noches de baile y comparsa.
Gracias a un buen desarrollo turístico, esta ciudad sabe prestarle sus pequeñas pero preciosas playas, sus bares de noche y hasta Termas.
El rio Gualeguaychú le ofrece unos balnearios a unos pocos kilómetros de la ciudad, con playas divinas. El balneario Ñandubaysal, de arenas muy finas, reconocido como la mejor playa del rio Uruguay, a pocos kilometros de la ciudad, es uno de nuestros recomendados, aunque tampoco podria irse sin visitar las otras playas, entre las que se encuentran la Costa Azul, Balneario Norte, Puerta del Sol llena de atracciones y restaurantes y sectores de plena frescura.
En Termas de Gualeguaychu, 20 hectáreas de forestación natural y aire puro sirven de marco para el disfrute de cuatro amplias piletas, una de ellas con 12 hidromasajes, 36º de temperatura y ambiente cubierto. Las otras piscinas ofrecen la posibilidad de relajarse en 38 º bajo una suave cortina de agua, u optar por una temperatura de 40º con 5 hidromasajes listos para brindar una abundante lluvia de placer.Las formas redondeadas, cuadradas y ovaladas de las piletas y su poca profundidad –no superan el metro- ponen un toque de originalidad y diversión.
Guayleguaychu se prepara durante todo el año para llevar la diversión sana al extremo durante sus carnavales. Las casetas y redoblantes comienzan a vibrar, el brillo, la magia y el color despiertan para desfilar en la pasarela de Corsódromo frente a miles de expectantes y enardecidos ojos, que aplauden y danzan porque así es el Ritmo del Carnaval.
Respecto al alojamiento esta ciudad ofrece, desde hoteles pasando por bungalows hasta casas y departamentos. En lo que refiere a la ciudad en sí, vale la pena recorrer el Solar del Haedo, al construcción más antigua, la Azotea de la Palma, el Museo Arqueológico Prof. Manuel Almeida y conocer una interesante muestra de piezas arqueológicas de las culturas aborígenes que habitaron nuestras tierras: charrúas, chanáes y guaraníes entre otros como capillas, teatros, etc.
La ciudad toma su nombre del río que lo vio nacer. La palabra Gualeguaychú
es una deformación del término guaraní Yaguarí Guazú: Yaguar: Tigre; I:
Río; Guazú: Grande,
o sea "Río del Tigre Grande". Los indígenas que poblaban estas tierras
pertenecían a diversos grupos del litoral.
En 1783 Tomás de Rocamora por orden del Cabildo de Buenos Aires funda tres
pueblos: Concepción del Uruguay, Gualeguay y Gualeguaychú. Estas
fundaciones tenían relación directa con la necesidad de controlar
militarmente la región contra los portugueses y los contrabandistas.
Rocamora arriba al poblado inicial, muy pequeño y recibido por los vecinos,
observa que el lugar dónde estaba el primer asentamiento era bajo y
anegadizo, decidiendo el traslado mas al norte, frente a la isla hoy
llamada Libertad.
El 18 de octubre de 1783 se formó el Primer Cabildo con lo que el poblado
quedó oficialmente fundado para posteriormente ser elevado a la categoría
de ciudad el 4 de noviembre de 1851, por decreto del entonces gobernador
Gral. Justo José de Urquiza.
En 1836 se termina la Iglesia San Antonio frente a la actual Plaza
Constitución, maravilloso templo cuya construcción comenzó bastante tiempo
antes, por el año 1807.
El primer núcleo de población fue compuesto por campesinos humildes y
trabajadores; pero rápidamente se fue acrecentando por la llegada de
criollos y gringos.
En el año 1890 se inauguró el ramal Gualeguaychú del FF.CC. Central
Entrerriano, su Estación y el Tranvía, llegando ambos hasta el Puerto que
contaba ya con muelle de piedra.
El adelanto fue notable con la instalación del frigorífico a orillas del
Río en 1929; iniciativa que fue tomada por la Cooperativa Ganadera, y trajo
como consecuencia la creación de un nuevo barrio: Pueblo Nuevo y el
desarrollo de nuevas vías férreas.
En la segunda mitad del siglo XIX, el comercio fue mejorando, localizándose
en el área central y en torno a las calles 25 de mayo y Urquiza.
El progresivo crecimiento de la ciudad se vio amparado por la actividad
económica que se ejercía a través del puerto, y por la construcción del
Puente Internacional General José de San Martín, que vincula Puerto Unzué
con Fray Bentos en la República de Uruguay.