Puede decirse que es el lugar donde los Andes caen al mar. De hecho, las estribaciones de la cordillera terminan justo en las playas de su límite meridional: el Canal Beagle. Hasta poco tiempo atrás, fue el único parque nacional del país con costa marina. Este rasgo y su posición en el extremo austral del continente le confieren un aura de encanto y misterio. Costa adentro, además, la geografía del fin del mundo despliega todos sus atractivos: bosques de ensueño, lagos de colores indescriptibles, montañas, valles, turberas. Como si no bastara, alberga numerosos yacimientos arqueológicos y restos de antiguos aserraderos. El área invita a las caminatas y a la tranquila contemplación de la naturaleza, aunque también se puede practicar la flotación en canoas y la pesca deportiva. Ubicado unos pocos kilómetros al oeste de Ushuaia, y recostado sobre el límite con Chile, el Parque Nacional Tierra del Fuego protege un importante sector de los bosques fueguinos. Los cordones montañosos, dispuestos en forma paralela y corriendo de este a oeste, están separados por valles glaciarios. Van descendiendo desde los 1500 metros de altura, en el cordón Vinciguerra, al sur del Lago Kami o Fagnano, hasta el nivel del mar. En la costa se destacan la Bahía Lapataia, único fiordo en el sector argentino del canal, y la Ensenada Zariatiegui. El parque incluye también dos grandes lagos compartidos con Chile: el citado Kami o Fagnano y el Acigami o Roca. Los bosques son protagonistas del paisaje. Cubren unas 25000 hectáreas, lo que representa más del 36 % de la extensión del parque y casi el 4% de la superficie boscosa de la provincia. Cada época del año tiene su encanto: el festival de verdes de la primavera y el verano, los rojos furiosos del otoño -cuando las lengas que cubren las laderas parecen incendiarseo los delicados cristales de nieve sobre las ramas del invierno. Los bosques de lenga son los de mayor distribución. Crecen en valles, faldeos y terrazas, especialmente en las zonas más secas hasta los 600 metros de altura. A medida que aumenta la humedad del ambiente se los encuentra asociados con el guindo o cohiue magallánico, formando bosques mixtos. Finalmente, en las costas marinas, con lluvias abundantes, se extienden las formaciones puras de guindo, a veces asociadas con canelos. Algunos ejemplares, azotados por el persistente viento, adquieren allí la forma característica de "árbol bandera". En el sotobosque se destacan arbustos espinosos como el calafate, la chaura y el michay, de flores anaranjadas. En las zonas más húmedas, prosperan la frutilla del diablo y pequeños helechos. Los ñires, por su parte, se concentran en los bordes de las turberas, aunque también pueden hallarse en el límite superior de los bosques. La vegetación que domina las alturas, por arriba de los 600 metros, se compone de arbustos de reducido porte, plantas en cojín y gramíneas que alternan con las vegas o mallines de altura. Las turberas, formadas principalmente por el musgo Sphagnum magellanicum, constituyen una singular característica del parque. Su alfombra verde y asombrosamente acolchada rellena muchos de los valles glaciarios. Cruzarse con un zorro colorado fueguino –considerado una raza local de la especie- resulta común. El guanaco, en cambio, es más difícil de observar: durante el verano -época turística por excelencia- se lo encuentra en las zonas altas; sólo desciende a los valles en el invierno. Los guanacos de Tierra del Fuego también viven en ambientes boscosos, lo que resulta un fenómeno peculiar, ya que este camélido se encuentra por lo general en áreas abiertas y despejadas. El huillín, un mamífero carnívoro y acuático emparentado con las nutrias, puebla la costa del Beagle conformando una las tres únicas poblaciones identificadas en la Argentina de la amenazada especie. El parque, además, es un paraíso para los observadores de aves. Cauquenes, bandurrias, patos, ostreros, gaviotas, biguás, petreles y albatros alborotan los espejos de agua y las costas marinas. El bosque cobija a la cotorra austral, el zorzal, la garza bruja, el rayadito y el emblemático carpintero austral. Y cada tanto, patrullando los confines del mundo, aparece la majestuosa águila mora o el mítico cóndor. Creación: 30 de septiembre de 1960, por ley 15554. Eco-región: Bosques Patagónicos. Superficie: 68.909 hectáreas. Origen del nombre: El parque adoptó la denominación del archipiélago cuya naturaleza representa. Hernando de Magallanes, al pasar por el estrecho que hoy lleva su nombre, lo bautizó así inspirado por las inmensas hogueras que ardían en la costa. Puntos de interés: Bahía Lapataia, Laguna Negra, Castorera, Lago Acigami o Roca, Cascada del Río Pipo. Cómo llegar: Desde Ushuaia, por RN 3 (12 km de asfalto), por tren (Ferrocarril Austral Fueguino) y en catamarán (hasta el embarcadero de Bahía Lapataia). A la capital fueguina llegan vuelos regulares y micros desde diferentes puntos del país. Acceso: Se cobra entrada (descuentos para turismo nacional, residentes provinciales y estudiantes universitarios; eximición para jubilados, pensionados y menores de 14 años). Está abierto todo el año. Dónde alojarse, comer y cargar combustible: En el parque hay un campamento organizado, con sanitarios, fogones y confitería (Lago Roca), y tres campamentos libres (Ensenada, Río Pipo o Ajej e Isla Entre Ríos). La confitería del Lago Roca sirve minutas. Ushuaia, a 12 km, cuenta con todos los servicios turísticos. Clima: Frío húmedo. Amplitud térmica anual baja (7,5 ºC), con una temperatura media anual de 5,6 ºC. Precipitaciones uniformes y de baja intensidad durante todas las estaciones (200 días al año). Nevadas abundantes (en montañas y valles interiores la nieve permanece de mayo a septiembre). Temporada más propicia: Octubre a abril; durante el resto del año la nieve dificulta los paseos. Atractivos cercanos: Ushuaia (la ciudad más austral del mundo, con variados puntos de interés), Cerro Castor (centro de esquí, a 26 km de Ushuaia), Harberton (estancia sobre el canal Beagle, a 85 km de Ushuaia, con alojamiento y museo), Islas Bridges (en el Canal Beagle, con colonias de aves y mamíferos marinos), Lago Kami o Fagnano (a 100 km de Ushuaia) y Lago Escondido (a 55 km de Ushuaia). Para mayor información: Parque Nacional Tierra del Fuego, San Martín 1395, Ushuaia, Tierra del Fuego, teléfono (02901) 421315, e-mail: tierradelfuego@apn.gov.ar En el parque hay senderos para todos los gustos: se trata de elegir uno y largarse a caminar y disfrutar de la naturaleza. Algunas actividades recreativas requieren una marcha de menos de dos kilómetros por senderos señalizados, que conducen a los distintos puntos de interés (el turbal, la castorera, la Laguna Negra), atraviesan el bosque de lengas y recorren la costa, con excelentes vistas del Canal Beagle y del archipiélago Cormoranes. Otros recorridos tienen una exigencia mayor. Uno de ellos lleva por bosques de lenga y guindo a la Pampa Alta, donde hay un impresionante panorama de la costa marina. También se pueden unir caminando Bahía Lapataia con la Ensenada Zaratiegui. O ascender al cerro Guanaco, de casi mil metros de altura, por un sendero de pendiente pronunciada: se trata de un trekking de 8 kilómetros, que insume unas 7 horas. Para los más aventureros está el circuito Andorra-Oveja, que recorre esos valles y la laguna del Caminante. Tiene una extensión de 20 kilómetros y demanda al menos dos días, con acampe autorizado (sin fuego) en el área de laguna. Sólo recomendable para aquellos con buena orientación y experiencia en trekking de montaña. Caso contrario, es conveniente contratar los servicios de un prestador de servicios de trekking autorizado (consultar a la Intendencia del Parque, en Ushuaia). Especies destacadas Castor Este roedor, que construye diques con troncos y ramas sobre los cursos de agua, está magníficamente adaptado a la vida acuática: tiene membrana interdigital en sus patas traseras, ojos con membrana nictitante, nariz y orejas valvulares, y labios que cierran detrás de los dientes, lo que le permite el transporte de ramas durante la natación. Originario de América del Norte, fue introducido en Tierra del Fuego en 1946 por la Armada Argentina, con la idea de aprovechar sus pieles. Las 25 parejas liberadas en la cuenca del río Claro, que desagua en el Lago Kami o Fagnano, se multiplicaron en corto tiempo, favorecidas por la ausencia de predadores y competidores naturales. En la actualidad, las colonias de castores están presentes no sólo en la Isla Grande. También muestran el hocico en otras ínsulas del Archipiélago Magallánico y en el continente sudamericano, cerca de la ciudad chilena de Punta Arenas. Las castoreras del parque están entre los puntos de mayor atractivo: es posible observar a los integrantes de la colonia nadando o reparando las construcciones. Sólo en la zona sur del área protegida se contabilizan más de 15 colonias activas. A pesar del interés que despiertan, los castores tienen un fuerte impacto sobre el ambiente. Los bosques fueguinos, de lento crecimiento, se ven afectados por las talas e inundaciones provocadas por estos roedores. Buscando reducir el número de ejemplares -y, en consecuencia, el daño ambiental- se está realizando un programa de control de la especie, que incluye el trampeo y la destrucción de diques. Carpintero Magallánico También se lo conoce como carpintero gigante: con más de 40 centímetros de largo es el más grande de Sudamérica. De plumaje negro profundo, los machos llevan un impresionante capuchón rojo rematado en una cresta también roja. Las hembras tienen una cresta negra, más prominente que la de los machos, y la cara roja. Se alimentan de insectos y larvas, que encuentran bajo la corteza de los árboles escarbando con sus picos. Pueden caminar en todas direcciones sobre los troncos, debido a la especial disposición de sus dedos y a su rígida cola, que aplican a modo de cuña. Su presencia se reconoce en el bosque por los gritos, fuertes y penetrantes, semejantes a carcajadas, y por el golpeteo en la madera en busca de alimento. Anidan preferentemente en troncos verticales podridos, donde taladran con el pico un hueco redondeado a unos 15 metros del suelo. Sus huevos son blancos brillantes, sin manchas ni pintas, y de cáscara delgada. Drosero El nombre proviene del griego drosos, rocío. En sus hojas, cubiertas por unos diminutos tentáculos rojizos, siempre brillan unas gotitas aquí y allá. Tal delicadeza no es más que el cebo para atrapar insectos: la drosera es una planta carnívora. Las gotas de líquido viscoso retienen a sus presas que, pegoteadas, luchan por escaparse. Esos movimientos no hacen más que empeorar su situación. Terminan arrastradas hacia la base de las hojas, donde otros tentáculos liberan jugos que la digieren. El proceso dura unos días, al cabo de los cuales sólo quedan unos pocos restos de la víctima. La Drosera uniflora, uno de los integrantes menos conocidos de la numerosa familia de las droseras, crece en las zonas húmedas y cercanas a los turbales de la Patagonia, especialmente en Tierra del Fuego e Islas Malvinas. Se trata de una planta de pocos centímetros de altura, con sus hojas dispuestas en forma de estrella. Florece en enero y febrero, con una única y pequeña flor blanca. Hay registros de actividad forestal en el área que hoy ocupa el parque nacional desde finales del siglo XIX. Pero el uso intensivo de sus bosques ocurrió a partir de 1910, con la instalación del presidio de Ushuaia. La explotación se realizó en el área comprendida por el Monte Susana y el valle del Río Pipo hasta 1947: un tren de trocha angosta trasladaba a los presos para que trabajen en el bosque y los traía de vuelta al penal. Todavía es posible identificar antiguos terraplenes, planchadas y numerosos senderos abiertos en esa época, así como gran cantidad de viejos tocones cortados a hacha y, en el interior del bosque regenerado, los característicos refugios cónicos de troncos utilizados por los hacheros. Cerrado el presidio, el trencito continuó cargando productos forestales hacia uno de los aserraderos de la familia Lombardich, ubicado en inmediaciones de la turbera del valle del Río Pipo. Sólo un terremoto, en 1949, pudo detener su marcha. Parte del trazado que cumplía es aprovechado hoy por un tren turístico a vapor para acercar visitantes al área protegida y sus maravillas. La presencia humana en la isla de Tierra del Fuego tiene una antigüedad de diez mil años. Sin embargo, los registros de poblamiento en la zona del parque, especialmente en la costa del Canal Beagle, datan de 6000 años atrás y se extienden hasta tiempos históricos. El área era territorio de los yámanas, eximios navegantes que surcaban las aguas del Beagle en sus canoas hechas con varillas y planchas de corteza de lenga. El mar era el eje de su vida y su principal fuente de alimento: vivían de la caza de lobo marino y de la recolección de moluscos. Construían en la costa campamentos con chozas de ramas y troncos. Rastros de estos asentamientos son los numerosos "concheros" que se distribuyen por el área. Se trata de montículos de forma anular que reúnen los restos acumulados de las sucesivas comidas: una impresionante cantidad de valvas, junto con huesos de aves y mamíferos, y rastros de fogones. En el siglo XIX, pese a ocupar un área quince veces menos extensa, la cantidad de canoeros magallánico-fueguinos doblaba a la de los pobladores de toda la Patagonia continental. Sin embargo, los yámana desaparecieron rápidamente con llegada del hombre blanco a fines de la centuria. Sobre todo, a causa de epidemias. Aunque también pesaron las matanzas masivas ejecutadas por colonos y loberos. De los tres mil censados por los primeros misioneros, diez años después, en 1890, quedaban mil. Y en 1910, tan sólo cien.