Parque Nacional San Guillermo
Aislado, solitario, extremo: son adjetivos que le sientan a este parque. De muy difícil acceso, su singular belleza y la posibilidad de un contacto íntimo con la naturaleza compensan el esfuerzo del viaje. San Guillermo regala cielos inolvidables, paisajes intactos, fauna abundante y una extraña flora adaptada a ese ambiente de altura, con el impactante respaldo de las siempre nevadas cumbres andinas. Contiene el sector más austral de la Puna que, como una cuña, penetra en el norte de la provincia de San Juan. La extrema altitud, con un promedio de 3900 metros, determina un ambiente riguroso. Los llanos de altura se extienden entre la cordillera de los Andes y los cordones precordilleranos (sierra de Punilla). Conocidos como de los Leones, de los Hoyos y de San Guillermo, estos llanos superan los 3000 metros de altitud y cubren más de una tercera parte de la superficie del área protegida. También se destacan abruptas quebradas, como la de Alcaparrosa, con un desnivel de 1100 metros. El hombre lo ha recorrido desde tiempos remotos. Si bien los vestigios más evidentes son los incaicos, con edificaciones y tramos del camino del Inca, los registros arqueológicos indican la presencia humana desde hace más de 8000 años. El Parque Nacional San Guillermo fue creado con el objetivo principal de resguardar las últimas grandes poblaciones de vicuña en la Argentina, hace unas décadas especie amenazada y hoy, felizmente, en camino de recuperación. Se estima que ampara más de 7000 vicuñas, a las que corresponde sumar unos 5000 guanacos. El área del parque es el núcleo de una unidad de conservación mayor, la Reserva de la Biosfera de San Guillermo, que cubre unas 800000 hectáreas. Actualmente, la minería de cielo abierto a gran escala constituye la principal amenaza sobre la reserva. La instalación de este tipo de emprendimientos en áreas protegidas exige el desarrollo de prácticas de responsabilidad ambiental por parte de las empresas, así como estrictos controles por parte de los organismos involucrados. En los llanos del parque es posible asombrarse con el deslumbrante espectáculo de cientos de vicuñas que pacen, hacen su vida, cuidan sus crías y hasta conviven amigablemente con grandes grupos de guanacos. Con alguna frecuencia se pueden avistar pumas (que suelen acechar en las cercanías de las manadas de camélidos). El mejor punto de observación es el mirador sobre el llano de los Leones, que recibe este nombre no por la presencia del puma o león americano sino por la abundancia de cactus cuyas formas, erizadas de espinas, recuerdan a las melenas leoninas. Desde ese mirador también es posible observar grupos de veloces suris o ñandúes cordilleranos. Buena parte de los recorridos son vehiculares, sólo aptos para conductores con experiencia en terrenos escabrosos. En diferentes puntos de estas travesías se accede a senderos peatonales que conducen a parajes de gran belleza. En Los Caserones, por ejemplo, el paisaje se abre entre afloramientos basálticos de formas redondeadas y exhibe el verde vibrante de las vegas en contraste con el azul profundo de los cerros. Allí, un sendero peatonal -de 900 m de recorrido- lleva hasta la vega que marca el nacimiento de un arroyo. A la vera del camino suelen verse chinchillones y zorros colorados, y revolotean bandadas de jilgueros. Es asidua la visita de los cóndores, que planean en las alturas. El parque, además, alberga coloridas lagartijas, como el chelco de San Guillermo, el chelco verde y el cola de piche. La flora está adaptada a la prolongada falta de agua y las frecuentes e intensas nevadas. Por lo tanto, las plantas más comunes son arbustos achaparrados o que forman placas adosadas el suelo, así como un sinnúmero de hierbas pequeñas con grandes flores, típicas de los Andes. Una de las especies endémicas o exclusivas es la margarita de San Guillermo, conocida por los científicos como Huarpea andina. Creación: 13 de enero de 1999, por decreto 25077. Eco-región: Puna y Altos Andes, con Monte de Sierras y Bolsones. Superficie: 147.830 hectáreas. Origen del nombre: Se debe a los llanos de San Guillermo, incluidos en el parque. Puntos de interés: Llano de los Leones, donde se pueden avistar manadas de vicuñas y guanacos; Vega del Arroyo La Cueva, a 2 km del refugio Agua del Godo, con abundante fauna, corrales de pirca y vistas al cerro El Imán (la mayor altura del área protegida, con 5467 m); Punto Panorámico, a 3600 m de altura, en el circuito que parte del refugio Agua del Godo; Quebrada de la Alcaparrosa (con la Tambería de Alcaparrosa), en el acceso sur del parque. Cómo llegar: Sólo para vehículos de doble tracción. Desde San Juan, por RN 40 hasta Rodeo (195 km). De allí se alcanza el refugio Agua del Godo, tras 130 km por un camino de tierra que bordea y cruza ocho veces el río Blanco, y pasa por la quebrada de Alcaparrosa. En la capital sanjuanina, que recibe ómnibus de todo el país y vuelos diarios desde Buenos Aires, es posible alquilar vehículos de doble tracción (Rosa 4x4, tel. 0264-4210800; y Renta 4x4, tel. 0264-4277373). Acceso: No se cobra entrada. Se aconseja ir en caravana de, por lo menos, dos vehículos. Dónde alojarse, comer y cargar combustible: El parque sólo ofrece un refugio de montaña (Agua del Godo, con dos habitaciones e instalación sanitaria básica), en cuyas cercanías también se puede acampar (debido a los fuertes vientos, se recomienda prestar atención a las fijaciones de la carpa). Rodeo, a 130 km del refugio,cuenta con hoteles, restaurantes y estaciones de servicio. En Tudcum, Las Flores, Angualasto y Malimán, localidades sobre el camino de Rodeo al parque, hay hospedaje en casas de familia y predios para acampar. En el paraje El Chinguillo, a mitad de camino, se puede comprar comida casera y está permitido acampar. Clima: Frío y seco, con gran amplitud térmica diaria (hasta 35ºC); temperaturas medias: 15° C en verano (con mínimas inferiores a los 0° C) y 1° C en invierno (con mínimas de -15° C); 30 a 100 mm anuales de lluvia, que caen torrencialmente durante la época estival; nevadas habituales durante los meses más fríos; vientos con ráfagas superiores a los 120 km/h. Temporada más propicia: Otoño y primavera (en verano, las lluvias y los deshielos cordilleranos impiden el acceso). Atractivos cercanos: Villa del Rodeo; Termas de Pismanta (hotel con termas, recuperado y gestionado por sus empleados, a 25 km de Rodeo); en Tudcum, Angualasto y Malimán, sobre el camino de Rodeo al parque, hay tejedores de mantas y ponchos de alta calidad. Para mayor información: Parque Nacional San Guillermo, Calle La Colonia s/n, La Colonia, (5465) Rodeo, San Juan, telefax (02647) 493214, e-mail: sanguillermo@apn.gov.ar San Guillermo es un terreno exigente, hecho para la aventura, al que se accede a través de caminos escarpados y difíciles sólo con vehículos de doble tracción. Es obligatorio dar aviso a la Intendencia del parque en Rodeo y llevar un guía autorizado, que se contrata allí mismo (llamar al 02647-493214). La visita al parque requiere por lo menos tres días: uno para llegar y aclimatarse, otro para recorrer los puntos de interés, y un tercero para la vuelta. El trayecto desde El Rodeo hasta el refugio de Agua del Godo resulta uno de los platos fuertes de la excursión. Lleva por lo menos siete horas, vadeando hasta ocho veces el Río Blanco y superando pendientes abruptas, con piedras sueltas, cárcavas y escorrentías, y requiere gran habilidad de manejo y vehículos en buen estado. Dentro de este trayecto, la Quebrada de Alcaparrosa es uno de los puntos más complicados. Se debe considerar con prudencia el nivel de los cursos de agua, ya que las crecidas estacionales de los ríos y arroyos, producidas por deshielos y lluvias, pueden ser peligrosas (hasta 15 m). El área protegida cuenta con recorridos para vehículos. Uno de ellos es el circuito "El Mirador", que asciende durante 10 kilómetros entre cerros y pastizales hasta el tramo final, a 3800 metros de altura. Desde allí, una breve caminata lleva hasta un sector con miradores y senderos peatonales delimitados, que balconea sobre el Llano de los Leones. También es posible recorrer en 4x4 ese mismo llano, una oportunidad única para el safari fotográfico, ya que la abundante fauna de gran porte (vicuñas, guanacos y surís) es fácilmente visible. Tiene horarios establecidos para su uso, de manera de minimizar el impacto sobre los animales (15 a 21 hs en verano, y de 15 a 19 hs en invierno). Especies destacadas Gato Andino Este misterioso felino desafía a científicos y naturalistas. Poco es lo que de él se sabe, pese a ocupar una enorme franja cordillerana en territorio de la Argentina, Chile, Bolivia y Perú. Sólo se cuenta con observaciones aisladas, unas pocas fotos y un puñado de cráneos en diferentes colecciones. Ni siquiera se ha podido establecer su peso con certeza: varía de 4 a 7 kilos. Su característica más sobresaliente es una larga y espesa cola, con 6 a 9 anillos oscuros. El pelaje, marrón ceniza, luce franjas pardo-amarillentas en los flancos, y barras grises oscuras en las mejillas y en las extremidades anteriores. Tiene las plantas de las patas cubiertas de pelo para protegerse del frío, como el célebre leopardo de las nieves, y un oído extremadamente desarrollado (en el aire seco de la Puna el olfato es de poca ayuda para la caza), que le permitiría atrapar tanto a los silenciosos y veloces chinchillones como a sus primas las chinchillas. Vicuña Es un admirable ejemplo de adaptación al medio. Menor que sus parientes (no pasa de 50 kilos), se contenta con la magra oferta alimentaria de los Altos Andes y la Puna. Su compartimentado estómago puede hasta con la hoja más fibrosa, sus filosos incisivos (que cortan en vez de arrancar) propician un uso sustentable de la vegetación y sus almohadillas plantares se agarran al terreno sin erosionarlo. Dos capas de lana (el vellón más fino del reino animal) la escudan del intenso frío y una tonalidad mimética, de la mirada de los predadores. Además, el enrarecido aire de las alturas no parece afectarla: corre sin desmayos hasta a 47 kilómetros por hora. El secreto está en una hemoglobina muy eficiente en la captación de oxígeno y glóbulos rojos de forma elíptica (diseño sólo compartido con anfibios, reptiles y los restantes camélidos), que aseguran una mejor distribución. Yareta De aspecto pétreo, cuesta creer que esté emparentada con la zanahoria y el apio. Sus hojas y ramas forman un almohadón tan duro y resistente que puede soportar el peso de varias personas sin sufrir daño. Esta forma compacta es el resultado de una eficiente adaptación al ambiente puneño, dominado por el frío, la sequedad extrema y la elevada radiación solar. La yareta sólo crece al sol y muy lentamente (no más de un par de milímetros anuales), por lo que demora siglos en desarrollarse. Sus flores amarillas apenas se destacan sobre la superficie cubierta de hojas durísimas. Los campesinos de la Puna la aprovechan como leña (por su extrema dureza deben extraerla usando un pico). Durante mucho tiempo fue utilizada como combustible en industrias mineras artesanales, lo que ha reducido su presencia en vastas áreas de la región. Matamico Cordillerano De pico fuerte, plumaje negro con patas blancas, es un habitante habitual del altiplano andino, aunque también se lo ha avistado en la costa del Pacífico. Vive desde el sur de Ecuador hasta la región central de la Argentina y Chile, en áreas de escasa vegetación, entre los 2900 y 5000 metros de altura. Principalmente carroñero, atrapa además mamíferos y aves de pequeño porte. Complementa su alimentación con insectos que consigue escarbando la tierra. Ambos sexos rondan los 50 cm de largo. Entre octubre y diciembre forman nidadas de dos o tres huevos sobre los escasos árboles de la región o algún risco. En marzo, los juveniles ya se valen por sí mismos. También se lo conoce como caracara andino, caracara montañero y carancho cordillerano.

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