Los hielos dominan el panorama. Podría decirse que están vivos: cambian de forma, avanzan, retroceden, construyen diques, se quiebran, se desprenden en témpanos que navegan por los lagos. Recortados contra el cielo o reflejándose en el espejo de las aguas, los glaciares conforman un escenario incomparable, al que las cumbres y los bosques andinos brindan el mejor marco. En 1981, el Parque Nacional Los Glaciares fue incorporado a la Lista del Patrimonio Mundial, debido al carácter excepcional y el valor universal que le confieren los trece "ríos de hielo" mayores que el Campo de Hielo Patagónico Sur desprende hacia el Atlántico ("son testimonio remanente de los últimos dos millones de años y presenciaron el fantástico episodio del nacimiento de la humanidad", recuerda la placa colocada por la UNESCO frente al Glaciar Perito Moreno). La huella de las glaciaciones cuaternarias se advierte por doquier. Alcanzaron el mismo centro de la Patagonia. De paso, sepultaron el área del parque bajo una capa helada de más de mil metros de espesor y cincelaron profundos valles, hoy ocupados por lagos de contornos tortuosos. Los más importantes son el Argentino y el Roca, al sur, y el Viedma, al norte. El hielo todavía ocupa más de la mitad de la superficie del parque. Su renombre planetario se debe al glaciar Perito Moreno. Tiene 30 kilómetros de largo, una superficie equivalente a la ciudad de Buenos Aires y, al derramarse sobre el lago Argentino, presenta un frente de 4 kilómetros, cuyas crestas se alzan a 70 metros del nivel lacustre. Pero lo que lo distingue en el mundo es su accesibilidad (está a sólo una hora de viaje desde El Calafate) y, sobre todo, el impactante espectáculo de su ruptura, que suele ofrecer cada tres o cuatro años (ver infografía de páginas 200-201). El glaciar Upsala, que desemboca en el brazo norte del mismo lago, impresiona por su magnitud: con una superficie de casi 600 kilómetros cuadrados, un largo de 50 km y un ancho de 10, resulta el más extenso de la cuenca atlántica. La segunda colocación corresponde al glaciar Viedma, tributario del lago homónimo, con 575 kilómetros cuadrados. De los tres, es el único que no recibe visitas. Frente al Upsala desfilan cruceros y lanchas de excursión, tras sortear témpanos que los hacen parecer embarcaciones liliputienses. Y sobre el gélido lomo del Perito Moreno hasta se organizan travesías. Pero no todo son glaciares. En la zona sur del parque, hay pinturas rupestres y el lago Roca tienta a los pescadores. Y en la norteña, el hielo cede protagonismo al granito. Acompañado por una corte de agujas menores, el cerro Chaltén o Fitz Roy (3.375 m) señorea sobre el paisaje con fuerza hipnótica. Dicen que son las montañas más hermosas del mundo y cuesta poco aceptarlo. Lo difícil, según parece, es pisar esas cumbres custodiadas por tormentas, aludes y ráfagas endiabladas. Cada año lo intentan escaladores de los cinco continentes, que vuelven al cercano pueblito de El Chaltén una Babel de montaña. Al común de los mortales queda trepar las alturas con agradecidos ojos y una nada despreciable oferta: travesías hasta parajes tan cautivantes como Chorrillo del Salto, Laguna Torre, Río Blanco, Laguna Capri, Laguna de los Tres y Piedra del Fraile. Con espíritu de aventura y buenas piernas, hasta es posible visitar el mismísimo Campo de Hielo Patagónico Sur. El vuelo inmóvil de los cóndores y el repiquetear del carpintero negro acostumbran sazonar estos trayectos. Y a veces deja ver el hocico algún zorro colorado o el emblemático huemul, cuyas poblaciones más australes encuentran refugio en esa porción del parque. Creación: 11 de mayo de 1937, por ley 13.895. Eco-región: Bosques patagónicos, con sectores de Estepa Patagónica y de Altos Andes. Superficie: 726.927 hectáreas. Origen del nombre: Alude a los trece glaciares mayores que el Campo de Hielo Patagónico Sur desprende hacia el Atlántico y brindan al parque relevancia mundial. Puntos de interés: Glaciares Perito Moreno, Upsala y Spegazzini; Lago Roca; Laguna Onelli; Zona del Cerro Chaltén o Fitz Roy; Campo de Hielo Patagónico. Cómo llegar: Desde El Calafate, en Santa Cruz, por RP 11 hasta el Glaciar Perito Moreno (74 km); RP 11 y RP 8 hasta Puerto Bandera (47 km); RP 11, RN 40 y RP 23 hasta El Chaltén (220 km). El Calafate cuenta con aeropuerto internacional y recibe ómnibus desde Río Gallegos. Allí se puede alquilar auto, contratar excursiones y abordar los dos servicios diarios de ómnibus a El Chaltén, portal de la zona norte del parque. Acceso: Se cobra entrada (descuentos para turismo nacional, residentes provinciales y estudiantes universitarios; eximición para jubilados, pensionados y menores de 14 años). Dónde alojarse, comer y cargar combustible: Los servicios turísticos están concentrados en El Calafate y El Chaltén. El parque posee un campamento organizado en Lago Roca, ocho zonas de acampe libre (El Huala, Confluencia, Madsen, De Agostini, Poincenot, Laguna Capri, Toro y Río Blanco) y dos de uso exclusivamente diurno (Bahía Escondida y Río Mitre). En la Península de Magallanes, frente al Glaciar Perito Moreno, hay un hotel de cinco estrellas y una confitería. Y numerosas estancias abren sus tranqueras al turismo, tanto dentro del área protegida como en sus cercanías. Clima: Templado a frío y húmedo; temperaturas medias: 0,6° C en invierno y 13,4º C en verano, para las zonas más bajas (en las de mayor altura la temperatura media anual rondaría los -3° C); 500 a 900 mm anuales de lluvia, de este a oeste, distribuidos bastante homogéneamente a lo largo del año; nevadas abundantes durante los meses más fríos; vientos más intensos en el verano. Temporada más propicia: Fines de primavera, verano y principios de otoño. Atractivos cercanos: Lago del Desierto -a 37 km de El Chaltén, por RP 23-, con bosques centenarios, glaciares y chorrillos. Se puede acampar y practicar pesca deportiva. Para mayor información: Intendencia del Parque Nacional Los Glaciares, Av. del Libertador 1302, (9405) El Calafate, Santa Cruz, teléfonos (02902) 491005 y 491788, telefax (02902) 491755, e-mail: losglaciares@apn.gov.ar. Centro de Informes "Guardaparque Ceferino Fonzo", (9301) El Chaltén, Santa Cruz, telefax (02962) 493004, e-mail: seccionallagoviedma@apn.gov.ar Fundada por razones fundamentalmente geopolíticas, al pie del cerro Chaltén (Fitz Roy) y dentro del Parque Nacional Los Glaciares, El Chaltén es hoy una villa turística a la que llegan visitantes de todos los rincones del planeta. Los escaladores, en particular, arriban deslumbrados con la posibilidad de hollar las cumbres del Chaltén o el Torre, considerados entre los mayores desafíos mundiales para los montañistas. Fue declarada Capital Nacional del Trekking, y con razón: su magnífico entorno natural es una permanente invitación a las caminatas. Las hay de todos los niveles de dificultad y de distinta duración: un menú para todos los gustos. Campo de Hielo Patagónico Sur: Es una travesía exigente. Requiere buen estado físico, aunque no se necesita experiencia en escalada. Sí, desde luego, contratar guías autorizados. Desde El Chaltén se accede a los hielos continentales por dos puntos principales: el Paso Marconi y el Paso del Viento. Las excursiones son variadas y se adaptan a los gustos y pedidos de los participantes. Además de los guías, expertos operadores turísticos aportan la infraestructura de campamento y la comida. El trekking dura varios días (como mínimo 6). Las caminatas por los hielos se realizan con grampones, cuerdas, arnés y piqueta. El recorrido brinda un sinnúmero de paisajes inolvidables, en particular la travesía del Circo de los Altares. Laguna Torre: Se trata de una caminata suave, que recorre durante unas cuatro horas el valle del río Fitz Roy hasta la laguna Torre. La senda ofrece varios puntos panorámicos antes de llegar al campamento agreste Padre De Agostini (sin servicios, uno de los más concurridos por los escaladores; no se puede encender fuego). Finalmente la laguna muestra su panorama, con los glaciares Torre y Grande, el cordón Adela, el impactante cerro Torre, la torre Egger y las agujas Standhart, Bífida y Cuatro Dedos. Campamento Poincenot y Laguna de los Tres: Es una caminata, de unas seis horas de duración. Saliendo de El Chaltén hacia el norte, se sigue el curso del río de las Vueltas hasta rodear el cerro Rosado y llegar a un mirador con vistas espectaculares del cerro Chaltén (Fitz Roy). El camino sigue hasta el río Chorrillo y lo remonta hasta terminar en el campamento Poincenot. Desde allí se puede cruzar el Río Blanco y continuar por una pendiente ascendente hasta la Laguna de los Tres, al pie del cerro Chaltén. Una alternativa consiste en pasar la noche en el campamento Poincenot y comenzar la subida antes del amanecer: si el cielo está despejado, la madrugada regalará la visión de los cerros teñidos de rojo. Quienes no se conforman con contemplar los glaciares desde pasarelas y miradores estratégicamente ubicados disponen de una variada gama de alternativas para lograr un encuentro cercano con los Actividades Recreativas Zona Sur guna de los Tres y Piedra del Fraile. Con espíritu de aventura y buenas piernas, hasta es posible visitar el mismísimo Campo de Hielo Patagónico Sur. El vuelo inmóvil de los cóndores y el repiquetear del carpintero negro acostumbran sazonar estos trayectos. Y a veces deja ver el hocico algún zorro colorado o el emblemático huemul, cuyas poblaciones más australes encuentran refugio en esa porción del parque. Su amparo se extiende a otras 26 especies de mamíferos nativos y a una avifauna con casi ciento cincuenta nombres en lista, del yal austral al águila escudada, de la paloma araucana al pato de los torrentes. Estos números responden a una destacable diversidad ambiental. Las laderas de los valles y las costas de los lagos están tapizadas de frondosos bosques, en los que predominan la lenga, el guindo y el ñire. Hacia el este, a medida que se desciende de los cordones montañosos, comienzan a preponderar el notro y el calafate. Finalmente, se abre la estepa patagónica y su horizonte interminable, erizado por pastizales y arbustos achaparrados y espinosos, recorrido incansablemente por guanacos y choiques. Cualquiera de estos escenarios es una postal patagónica para atesorar. hielos, algunas de las cuales rozan la aventura. Navegación al Glaciar Perito Moreno: El paseo por el Brazo Rico del lago Argentino permite contemplar de cerca los témpanos y las azuladas paredes del glaciar, imponentes en sus 80 metros de altura. Trekking por el glaciar: Empieza con un paseo en barco por el Brazo Rico. Sigue con una caminata por los bosques que rodean el lago. Y culmina con una travesía sobre el mismísimo glaciar, que despliega agujas de hielo, torres, grietas y lagos de azules increíbles. Las empresas turísticas proveen grampones para el calzado y la compañía de guías especializados. No es una marcha muy exigente -la pueden realizar personas de entre 10 y 60 años- y requiere buen abrigo, anteojos para sol, pantalla solar, guantes y gorro. Navegación por el Brazo Norte: Dos catamaranes parten cada mañana de Puerto Bandera -a 45 km de El Calafate- para regresar alrededor de las 18 horas, tras un periplo cautivante. De ida sortean témpanos descomunales, pasan revista a los siete kilómetros de frente del glaciar Upsala (el mayor de la cuenca atlántica) y, si los hielos lo permiten, recalan en la apacible Bahía Onelli. Luego vienen la caminata hasta la laguna homónima -donde convergen los glaciares Agassiz, Bolado y Onelli- y un reparador almuerzo en un refugio rodeado de lengas y aguas rumorosas. Para la vuelta queda otro plato fuerte: el glaciar Spegazzini, que derrama inmensidad al fondo de un angosto seno, bajo la sombría pirámide del cerro Peineta. Su frente aflora 135 metros del agua en la parte central, altura inigualada entre los glaciares a tiro de turista. Crucero entre témpanos: También es posible realizar una navegación por el lago Argentino de dos días y una noche, sin desembarco, con pensión completa y camarotes con baño privado. Se ofrecen cruceros para más de diez personas, con todas las comodidades. La experiencia de contemplar la noche patagónica en medio del espejo y rodeado de hielos resulta única. Navegación y chapuzón en el lago Roca: Ubicado al sur del lago Argentino, a 51 km de El Calafate, una excursión lacustre permite contemplar las estancias de la zona y acceder a un sitio arqueológico con pinturas rupestres. En verano, los más decididos pueden gozar de un breve chapuzón en sus frías aguas. Especies destacadas Zorro colorado Los mapuches lo llaman culpeo o chulpeo. Tiene una amplia distribución a lo largo de la Cordillera de los Andes, de Jujuy a Tierra del Fuego. Es una presencia común tanto en el paisaje patagónico como en los mitos y leyendas de la región. Se trata del cánido sudamericano más grande después del aguará guazú (hasta 1,5 m de largo). Lo cubre un pelaje espeso, largo y de reflejos rojizos, y su voluminosa cola termina en una punta negra. Habita pastizales de altura, desiertos y estepas, aunque también ingresa en las áreas más abiertas de los bosques andinos. Sólo depone sus hábitos solitarios en la época de reproducción. Entonces, macho y hembra comparten gozos, territorio y la responsabilidad de alimentar a una camada de entre 3 y 8 crías. En cuestión alimentaria, la especie hace honor al oportunismo característico de los zorros. Prefiere hincarle el diente a liebres, ratones y ovejas. Pero no desdeña torcazas, ranas, lagartos, huevos. Hasta come insectos. Y, cuando arriba la estación, se las arregla con bayas y frutitos silvestres. Águila Mora Es un ave de porte impresionante: corpulenta, mide hasta 70 centímetros de largo (la hembra resulta un poco más grande) y su envergadura alar puede alcanzar los dos metros. Buena planeadora, se la reconoce fácilmente por la silueta triangular, caracterizada por alas anchas y cola corta. Cabeza, pecho, alas y espalda llevan un plumaje negro pizarra, mientras que la cola, pardo oscura, tiene un banda blanca. La garganta y el vientre son blancos con fino rayado negro. Esta rapaz tiene una amplísima distribución en el continente sudamericano, desde Venezuela hasta Tierra del Fuego. Habita en bosques, áreas abiertas, laderas de cerros y serranías, y se ha documentado su presencia hasta a 4500 metros de altura. Su alimentación consiste en pequeños mamíferos y aves medianas, aunque también come algunos reptiles, invertebrados y carroña. Suele devorar su presa en el suelo y raramente la lleva a los árboles. Calafate Produce frutos globosos, de color negro azulado. Quien los prueba, dicen, volverá inexorablemente a la Patagonia. Es, sin dudas, una de las plantas emblemáticas de la mítica región. Alcanza el metro y medio de altura, y se protege con espinas de tres puntas. Sus largas raíces, que llegan hasta las napas más profundas, le permiten tolerar la extrema sequedad. Además, cuenta con hojas pequeñas para minimizar la´pérdida de agua por transpiración. Florece en primavera con una explosión de amarillos y fructifica de noviembre a abril. La distribución de la especie cubre casi toda la Patagonia, de Neuquén a Tierra del Fuego. Crece en cuestas, valles, cañadones y la orilla de ríos, lagos y lagunas. Las ovejas se alimentan de sus hojas y bayas, y encuentran reparo bajo sus ramas. Con los frutos se elaboran dulces y, por fermentación, se puede obtener vino de calafate. Los aborígenes lo utilizaban para fabricar astas de flecha, bajar la fiebre y obtener tintura amarilla.