Luces y sombras descomponen las formas del bosque y disgregan sus colores: la blanca exhalación de las flores, el oscuro verdor del follaje, el intenso canela con que el tanino pigmenta las cortezas, los grises acuosos de los troncos desguarnecidos. El arrayanal de la Península Quetrihué parece una tela impresionista. Su pureza casi absoluta y sus portentosos ejemplares -algunos de los cuales cargan dos centurias y media-, lo tornan una de las manifestaciones más cautivantes de la naturaleza. También una de las más raras. Pese a la extendida distribución del arrayán -que prospera a ambos lados de la cordillera patagónica, en sitios muy húmedos-, no sobran comunidades de características análogas. Hay apenas un puñado en territorio chileno y, dentro de nuestras fronteras, sólo se suma el arrayanal del extremo norte de la isla Victoria. Con esta mezcla de singularidad y seducción, no sorprende la relevancia ecológica que se le adjudica -expresa en el riguroso grado de protección conferido al área- ni su imán turístico. Es, sin duda, el bosque más popular de la Argentina. Alrededor de 250.000 visitantes recorren anualmente sus doce hectáreas a través de un circuito entablonado, que resguarda del pisoteo al suelo y los renovales, minimizando el impacto de un uso tan intensivo. Hoy, en temporada alta, Quetrihué resulta un hormiguero. Sin embargo, alguna vez estuvo en manos de una sola familia. Un tal Carlos Smith Cusack escritura en 1905 el lote diez de la Colonia Pastoril Nahuel Huapi. Doce años después lo vende al pionero patagónico John O’Connor. Abarcaba apenas el extremo sur de la Península del León o Mascardi. Pero el médico escocés creyó haberla comprado toda y la rebautizó Beatriz en honor de lady Grace Beatrice Richmond Oxley, su esposa. Se contentó con poco más: plantar dos casas y unos galpones, que le sirvieron de refugio vacacional. Murió sin saber que a metros de esas construcciones señoreaba una de las curiosidades botánicas del planeta. Antonio Lynch, su mujer Elisa y su cuñado Manuel Uribelarrea adquieren en 1931 la propiedad a la sucesión de O’Connor y, cuatro años más tarde, el resto de la península a la entonces Dirección de Parques Nacionales, cuyo directorio integraba Lynch. Como Ezequiel Bustillo -el factotum de nuestros parques nacionales-, habían sucumbido al "embrujo del Nahuel Huapi" cuando los Ortiz Basualdo les mostraron la deslumbrante comarca que rodeaba su estancia de Península Huemul. "Mi padre estaba perdidamente enamorado del lugar y eso que recién en 1934 descubrió el tesoro que guardaba, advertido por un poblador de Cumelén", recuerda María Teresa Lynch. La península adquirió entonces su nombre definitivo: Quetrihué ("donde hay arrayán", en lengua mapuche). El emprendedor Lynch fue más allá. Hizo limpiar de maraña el bosque, abrir caminos hacia sus entrañas, construir un muelle y levantar una cabaña de troncos -donde se servían té y scones- para que pudieran llegar visitantes. Los guías insisten en llamarla la Cabaña de Disney y difundir el cuento de que el cineasta se inspiró en el arrayanal para ambientar Bambi. Lo cierto es que Walt Disney jamás estuvo en Quetrihué y ya se había estrenado la película cuando visitó Buenos Aires. Sólo se trató de una ocurrencia para sorprender a los turistas, que echó a rodar con inusitada fuerza. Con el peronismo en el poder soplaron nuevos vientos para Quetrihué. En 1946, Parques Nacionales solicita a Lynch que deje de cobrar entrada al arrayanal "para facilitar al turismo el conocimiento de las maravillas naturales del país". Y dos años más tarde, una ley propició la incorporación al dominio público de "las propiedades existentes en los parques nacionales, que por su belleza escénica o por razones de interés científico así lo justificaren". Lynch no esperó que la letra se convirtiera en hecho y ese mismo año donó el bosque a Parques Nacionales. El gesto le valió de poco: el 9 de febrero de 1950, a días de aceptarse la donación, un decreto firmado por Perón dispuso la expropiación de toda la península, con exclusión de las cien hectáreas presididas por el casco de la estancia. Veintiún años después, la ley 19.292 fijó los límites actuales de nuestro principal sistema de áreas naturales protegidas y Quetrihué pasó a constituir un parque nacional aparte, abandonando su primitiva condición de zona de reserva del Parque Nacional Nahuel Huapi. La medida, si bien redundante desde el punto de vista administrativo y de manejo, brindó a sus 1.796 hectáreas un reforzado grado de protección. Con ello no sólo benefició a los arrayanes. La península hospeda otras 157 plantas, 65 aves, 13 mamíferos y 2 anfibios. Además, en sus lagunas interiores -Patagüa y Hua Huan- vive una importante población de huillín o lobito de río patagónico, que figura en los listados de especies en peligro. Y algunos aleros y cuevas exhiben el arte de los pueblos originarios. Creación: 11 de octubre de 1971, por ley 19.292. Eco-región: Bosques Patagónicos. Superficie: 1.796 hectáreas. Origen del nombre: Alude al célebre arrayanal de la Península Quetrihué ("donde hay arrayán", en mapuche). Puntos de interés: Bosque de Arrayanes, Casco de la Estancia Quetrihué, Laguna Patagüa, Laguna Hua Huan, Mirador. Cómo llegar: Mediante excursión lacustre, desde San Carlos de Bariloche (Puerto Pañuelo) y Villa La Angostura (puertos La Mansa y La Brava). Y a pie o bicicleta, desde Villa La Angostura, que está conectada con San Martín de los Andes a través de RN 234 y RN 231 (111 km), y con Bariloche a través de RN 231 y RN 237 (77 km). Acceso: Se cobra entrada (descuentos para turismo nacional, residentes provinciales y estudiantes universitarios; eximición para jubilados, pensionados y menores de 14 años). A pie o bicicleta, se puede ingresar de 9 a 14 horas en verano y de 9 a 12 horas en invierno, debiendo regresar, respectivamente, a las 17 y 15 horas. Dónde alojarse, comer y cargar combustible: No se permite pernoctar en el parque. El Bosque de Arrayanes cuenta con una confitería (la erróneamente llamada Cabaña de Disney). Y tanto Villa La Angostura como Bariloche, con un equipamiento turístico pleno. Clima: Frío húmedo; temperaturas medias: 3° C en invierno y 14° C en verano; 1.300 mm anuales de lluvia, concentrados en la época invernal; nevadas entre fines de julio y septiembre. Temporada más propicia: Fines de primavera a principios de otoño. Atractivos cercanos: Parques nacionales Nahuel Huapi y Lanín, Villa La Angostura, Villa Traful, San Carlos de Bariloche y San Martín de los Andes. Para mayor información: Parque Nacional Nahuel Huapi, San Martín 24, (8400) San Carlos de Bariloche, Río Negro, teléfono (02944) 423121/423111, e-mail: nahuelhuapi@apn.gov.ar Un sendero de 12 kilómetros conecta Villa La Angostura con el Bosque de Arrayanes, a lo largo de la Península de Quetrihué. Llegar demanda cuatro horas a pie y dos en bicicleta. Volver, otro tanto. Pero vale la pena. Tras el primer kilómetro de marcha, es posible gozar de una magnifica vista de Villa La Angostura, por el este, y de los brazos Última Esperanza, Rincón y Machete del lago Nahuel Huapi hacia el poniente. A mitad del trayecto, se cruza el arroyo que nace en la laguna Hua Huan. La laguna Patagüa, el otro espejo de Quetrihué, exhibe sus encantos a la altura del kilómetro 11. De ahí en más, los arrayanes comienzan a engrosar filas hasta convertirse en la especie dominante. Sobre el extremo sur de la península, finalmente, aparece el mayor tesoro del parque: veinte hectáreas de puro arrayán. Se las puede recorrer a través de un circuito entablonado, de 800 metros, que evita el impacto negativo del pisoteo para la renovación del bosque. Una confitería permite reponer fuerzas y un servicio de lanchas, regresar a Villa La Angostura por vía lacustre. Quienes opten por volver como vinieron, deberán retomar camino antes de las 17 horas en verano y de las 15 horas en invierno.