Sólo el Tibet supera en altitud a la desértica altiplanicie que baja desde el lago Titicaca, en Bolivia, hasta el noroeste de la Argentina. Se alza a cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Pero alguna remota vez estuvo bajo las olas, como atestigua la abundancia local de fósiles marinos. Una colisión de placas tectónicas expuso su cara al sol hace cuatrocientos millones de años. El empujoncito final estuvo a cargo de las mismas convulsiones que irguieron la cordillera de los Andes. Los incas llamaron Puna ("páramo" o "tierra fría") a su extremo meridional. No fue un bautismo caprichoso. El oeste de Jujuy, Salta y Catamarca tiene poco de hospitalario. A despecho del Trópico de Capricornio, la altura impone allí temperaturas patagónicas y una atmósfera cuarenta por ciento más pobre en oxígeno que la de las zonas costeras. Un cerco de empinadas montañas impide que se cuelen las humedades oceánicas, tornando una rareza a las lluvias. Y el suelo, producto del desmigajamiento de las rocas, carece casi por completo de materia orgánica. En respuesta, plantas y animales se han visto obligados a desarrollar adaptaciones heroicas. De ahí la enorme cantidad de especies endémicas o exclusivas que caracteriza al patrimonio natural de la región. La Puna está flanqueada al naciente por la Cordillera Oriental y sus "nevados". Y al oeste, por la línea de volcanes que preside el Ojos del Salado (el volcán activo más alto del orbe, con 6.887 m, según el Libro Guinness). Entre estos ciclópeos mojones se suceden serranías de respetable estatura y valles espaciosos, a cuyo deprimido corazón van a morir los cursos que despiertan el deshielo y las exiguas precipitaciones veraniegas. En el camino, las aguas van lavando rocas y suelos volcánicos cargados de sales. Así se forman lagunas salobres de escasa profundidad, que la fuerte evaporación transforma a veces en salares. Pozuelos es la mayor de todas. Enmarcadas por las sierras de Cochinoca y San José, al noroeste de Jujuy, sus dieciséis mil hectáreas convocan una de las mayores concentraciones aladas del país. El gremio más numeroso es el de los flamencos. Se llegaron a censar hasta treinta mil ejemplares de las tres especies argentinas. También abundan el macá plateado, la guayata, el pato juarjual y, entre las exclusividades regionales, la gallareta gigante, la avoceta andina y el chorlito puneño. En el verano, además, llegan en legión visitantes del hemisferio boreal, como el falaropo tricolor y la becasa de mar. A esta bullente colección, la estepa circundante añade vicuñas, suris, pumas, zorros, piches, teros. Y un cielo de abrumadora transparencia exhibe las proezas aeronáuticas de aguiluchos y cóndores. No extraña que Laguna de los Pozuelos resulte uno de los destinos predilectos del ecoturismo. Tampoco que goce de un amparo múltiple. En 1981 recibió el título -y los privilegios- de Monumento Natural. Nueve años más tarde, fue declarada "zona intangible" de la reserva de biosfera homónima, que abarca las 380.000 hectáreas de su cuenca (ver página 51). Y a mediados de 1992, se convirtió en nuestro primer Sitio Ramsar (ver página 50). Su mejor defensa, sin embargo, son las familias kollas asentadas en los contornos. Pachamama, la Madre Tierra, les concedió siempre comida, techo, leña, yuyos medicinales, forraje para sus ovejas y llamas. Y saben ser agradecidas. Creación: 28 de enero de 1981. Eco-región: Puna. Superficie: 16.224 hectáreas. Origen del nombre: Aludiría a las efímeras "lagunitas" que forman las lluvias veraniegas en la zona de Ciénego Grande, al suroeste de la laguna. Otra versión señala a las pequeñas depresiones que dejan los flamencos al mover circularmente las patas para levantar del fondo lagunar los microorganismos de que se alimentan. Pueden verse en invierno, cuando baja el nivel del agua. Cómo llegar: La ruta provincial 83, ingreso al parque, arranca de la ruta nacional 34 a unos 120 km de San Salvador de Jujuy, pocos metros después del puente sobre el río San Lorenzo. Desde la vecina ciudad de Libertador General San Martín -a la que llegan ómnibus de todo el paísparte cada mañana (8.30 hs) un colectivo que atraviesa el parque rumbo a Valle Grande para regresar por la tarde (18.30 hs por Mesada de las Colmenas y 19.30 por Aguas Negras). También se puede acceder en taxi o remise desde Libertador (10 km a la entrada del parque) y la capital jujeña, que está conectada diariamente con Buenos Aires y Córdoba por avión. Acceso: No se cobra entrada. Dónde alojarse, comer y cargar combustible: El área carece por completo de servicios turísticos. En Abra Pampa, a 50 km, hay cuatro residenciales, un puñado de comedores y estación de servicio. En Rinconada, a 20 km de la casa del guardaparque, sólo se puede comer algo. Clima: Árido de altura, con oscilaciones térmicas de carácter extremo (hasta 43,5° C en un día); temperaturas medias: 8° C en invierno (con mínimas de hasta -30° C) y 16° C en verano (con máximas superiores a 30° C); hasta 200 mm anuales de lluvia, concentrados en la época estival; fuertes heladas y nevadas esporádicas en los meses más fríos. Temporada más propicia: Marzo y abril, terminada la época de lluvias, cuando miles de flamencos pintan de rosa la laguna; las precipitaciones veraniegas -escasas aunque intensas- suelen cortar los caminos de acceso. Atractivos cercanos: Lagunillas, un minúsculo humedal puneño, reúne cientos de aves acuáticas al pie de altos cerros (35 km de la casa del guardaparque). Desde Abra Pampa se llega a los pueblos históricos de Cochinoca (23 km, por RP 71) y de Casabindo (60 km, por RP 11), donde se realiza la única corrida de toros en suelo argentino. También al onírico escenario de Salinas Grandes (125 km, por RN40 y RP16). Para mayor información: Monumento Natural Laguna de los Pozuelos, Rivadavia 339, (4640) Abra Pampa, Jujuy, teléfono (03887) 491338, telefax (03887) 491054. Pozuelos reúne tres de los cinco flamencos del planeta. El flamenco austral o común nidifica en la laguna. La parina grande y la parina chica (nuestro mayor flamenco y el menor, respectivamente), sólo usan el espejo como base de reaprovisionamiento. El menú del primero incluye desde barro orgánico hasta algas y crustáceos. Las parinas se conforman con plancton. A la hora de buscar comida, sin embargo, los tres emplean la misma técnica. Juntan agua con el pico curvo a modo de cuchara y luego la expelen valiéndose de lengua y garganta. Los microorganismos terminan atrapados en las laminillas que erizan los bordes internos del pico. Como estas tienen distinta separación, cada especie filtra alimentos de tamaño diferente y no compiten por el recurso.