Parque Nacional El Leoncito
Sobre los faldeos occidentales de la Sierra del Tontal, al suroeste de la provincia de San Juan, se abre la principal ventana argentina al cosmos: el Centro Astronómico El Leoncito (CASLEO). Su telescopio es el cuarto del hemisferio austral, con más de dos metros de diámetro y cuarenta toneladas de peso. Alrededor de ochenta científicos de la Argentina y el extranjero lo usan cada año para escudriñar indiscretamente los confines de nuestra galaxia. A pocos kilómetros, mientras tanto, la Estación Astronómica Dr. Carlos U. Cesco -que construyera en 1965 la Universidad de Yale y administra la de San Juan- se ocupa de estudiar el derrotero de las estrellas. La doble elección no resultó casual. El Leoncito reúne condiciones astronómicas casi ideales: uno de los cielos más puros y tranquilos del orbe, trescientas noches despejadas por año, poco viento y bajísima humedad. Además, tiene dos ciudades de apoyo (San Juan y Mendoza) a tiro de pocas horas de automóvil. Y está 2552 metros más cerca de los astros que la superficie del mar. Garantizar el goce a perpetuidad de este tesoro fue una de las preocupaciones centrales de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación, propietaria del CASLEO. No se contentó con adquirir una enorme porción de desierto para librar eternamente al observatorio de perturbadoras vecindades (ciudades, industrias, destilerías, etc.). También logró que la provincia promulgase en 1989 una inédita "ley de protección del cielo" y que Barreal, la comuna más cercana, adoptase una iluminación no contaminante. Ni siquiera los vehículos se libraron de regulaciones: en cercanías del observatorio deben apagar los faros. Pero no bastó. La voladura de suelos, fruto de la destrucción del tapiz vegetal, puso en jaque la diafanidad local. Para proteger el cielo se imponía proteger el ecosistema terrestre. Y de eso los astrónomos sabían poco y nada. No extraña que recibieran con agrado la idea de confiar las 76.000 hectáreas del CASLEO a la Administración de Parques Nacionales. Así nació, en enero de 1994, la Reserva Natural Estricta El Leoncito, que el 15 de octubre de 2002 se convirtió en el vigésimo séptimo parque nacional de la Argentina y el primero en reconocer como misión fundamental la protección del cielo. La prioridad fue revertir los procesos erosivos. Por un lado, se erradicaron las vacas y se cerraron los pasos ganaderos con alambre, para asegurar que no volvieran a meter el hocico. Y, por el otro, se redujo en más de un 90% el transito de motos todo terreno a través del área -que causaba un fuerte impacto ambiental-, gracias a una intensa campaña de educación. Ahora la flora está en franca recuperación y, por fin, el cielo puede respirar tranquilo. La ganancia del Sistema de Parques Nacionales no fue menor. Leoncito sumó a su catálogo muestras de tres eco-regiones pobremente representadas: el Monte de Sierras y Bolsones, la Puna y los Altos Andes. El patrimonio del parque incluye dos plantas exclusivas de la zona, que los botánicos bautizaron Mulinum etchegarayi y Trichocline cinerea. Especies en riesgo de extinción, como el retamo y el suri cordillerano. Y un buen número de guanacos, cóndores, pumas, agachonas, zorros colorados, comesebos, chinchillones, cuises y tuco-tucos. Entre las jarillas del Valle de Calingasta (1.600 msnm) y los coirones del filo de la Sierra del Tontal (4.300 msnm), también hay lugar para tres yacimientos paleontológicos, petroglifos con motivos mascariformes, un tramo del Camino del Inca y el histórico casco de la Estancia El Leoncito, donde el general San Martín ultimó los detalles del cruce de los Andes. Pero el espectáculo más cautivante no es de esta tierra. Hacia sus estrellas apunta, noche a noche, el telescopio del CASLEO. Creación: 15 de octubre de 2002, por ley 25.656; era Reserva Natural Estricta desde 1994. Eco-región: Monte de Sierras y Bolsones, Puna y Altos Andes. Superficie: 72.962 hectáreas. Origen del nombre: El parque lo heredó de la estancia otorgada por "merced real" a Diego Lucero de Tobar en el siglo XVII, cuya parte sur fue adquirida por el estado nacional para instalar los observatorios astronómicos. Podría derivar de algún cachorro de "león" -como también se conoce al puma o la abundancia local de una planta crasa llamada Leoncito (Maihueniopsis glomerata). Puntos de interés: CASLEO, Estación Astronómica Dr. Carlos U. Cesco, Casco de la Estancia El Leoncito, Ciénaga de las Cabeceras. Cómo llegar: Desde la ciudad de San Juan, por RN 40 hasta Talacasto, RP 436 y RP 12 hasta Calingasta y RP 412 hasta el acceso al parque (244 km); la construcción de los diques Punta Negra y los Caracoles está afectando momentáneamente la conexión directa a Calingasta por RP 12. Desde la ciudad de Mendoza, por RN 7 hasta Uspallata y RP 39 hasta el acceso al parque (230 km). La capital sanjuanina y la mendocina reciben ómnibus de todo el país y vuelos diarios desde Buenos Aires y Córdoba. Para alcanzar el parque desde allí se puede alquilar un auto o una camioneta, contratar un remise o recurrir a una agencia de turismo. Un servicio diario de ómnibus une San Juan y Barreal, a 34 km del parque, a partir de donde es posible seguir viaje en remise o el transporte que ofrecen algunos alojamientos turísticos. Acceso: No se cobra entrada. Dónde alojarse, comer y cargar combustible: El parque sólo cuenta con un área recreativa, dotada de mesadas, bancos y fogones. En Barreal hay hoteles, posadas, cabañas, campings, restaurantes, supermercados y estaciones de servicio. Clima: Frío seco en la zona alta y subtropical seco en la baja, donde la temperatura media es de 26 °C en verano (con máximas de 35 ° C) y de 10° C en invierno (con mínimas de -6° C); gran amplitud térmica, alto índice de heliofanía (luminosidad) y hasta 200 mm anuales de lluvia, concentrados en la época veraniega; nevadas excepcionales en las zonas bajas. Temporada más propicia: Todo el año, aunque la primavera -con sus retamos florecidos- tiene un encanto especial y las lluvias veraniegas pueden originar cortes momentáneos en los caminos. Atractivos cercanos: Al oeste del parque se extiende la célebre Pampa del Leoncito, uno de los mejores escenarios del mundo para el carrovelismo. Del otro lado del Valle de Calingasta, a 25 km de Barreal, esperan los ambientes altoandinos y las pinturas rupestres del Refugio de Vida Silvestre Los Morrillos. Hacia el sur, la RP 412 (RP 39, en territorio mendocino) lleva al Valle de Uspallata. Y hacia el norte, enhebra paisajes imperdibles como Cerros Pintados, El Alcázar -una opera magna de la erosión- y Calingasta, cuyo casco urbano conserva una capilla jesuítica del siglo XVIII. Para mayor información: Parque Nacional El Leoncito, Belgrano s/n, (5405) Barreal, San Juan, teléfono (02648) 441240, telefax (02648) 441155, e-mail: elleoncito@apn.gov.ar. El sendero peatonal La Cascada (1200 m), que arranca en inmediaciones del Casco de la Estancia El Leoncito, permite un acercamiento a la flora del Monte y sus heroicas adaptaciones a la desértica región. Y en la Ciénaga de las Cabeceras, cerca del CASLEO -donde termina el camino de acceso-, pueden avistarse suris cordilleranos, cuises, una interesante variedad de pájaros y algún que otro zorro. Pero la máxima atracción del parque son los observatorios astronómicos. El CASLEO admite visitas de 10 a 12 y de 15 a 18 horas. Guiadas por un técnico, tienen una duración de 45’, recorren las instalaciones del centro e instruyen sobre las características de sus equipos -en especial, del telescopio "Jorge Sahade"- y el trabajo que con ellos se lleva a cabo. Es posible, además, espiar los astros por las noches con un telescopio menor y la asistencia de un técnico (hasta 8 personas por vez, con alojamiento y comida). Para solicitar turnos e información, comuníquese con la Secretaría Técnica del CASLEO mediante el telefax (0264) 4213693 o enviando un e-mail a mgrosso@casleo.gov.ar. También se puede conocer la Estación Astronómica Dr. Carlos U. Cesco, a la que conduce un desvío del camino de acceso. Su centro de Visitantes está abierto todos los días de 10 a 12 y de 16 a 18 horas (en tiempos vacacionales, de 10 a 18 horas). Y de noche ofrece la oportunidad de observar cuerpos celestes con un telescopio astrográfico. Para concertar la visita o ampliar la información, escriba a centrohugomira@yahoo.com.ar. Especies Destacadas Retamo No hemos sido justos con este congénere del palo santo. Proporciona una madera dura y pesada, de atrayentes vetas, que produce un excelente carbón y se emplea en tornería para fabricar mangos de herramientas, piezas de ajedrez y ceniceros. Con la cera que recubre las ramas jóvenes se obtiene pomada para zapatos y lustre de pisos. Su corteza sirve para teñir de amarillo verdoso. La medicina popular prescribe el cocimiento de los tallitos tiernos para activar la circulación sanguínea o fortalecer las piernas débiles. Y su copiosa floración alegra cada primavera el soledoso y árido paisaje de las "travesías" cuyanas. Sin embargo, se lo explotó sin miramiento ni respiro. Sobre todo, para satisfacer la insaciable demanda de "rodrigones" de los viñedos. Hoy, a despecho de su pretérita abundancia, figura entre las especies "vulnerables". En el parque, ocupa la franja más baja. Chinchillón Parece una cruza entre la vizcacha de las llanuras y la chinchilla de las alturas andinas. Forma colonias en los faldeos rocosos de las serranías, entre los 2.000 y los 4.000 metros sobre el nivel del mar. Come brotes y hojas de los coriáceos pastos que prosperan en su hábitat. Tiene una sola cría por año (raramente dos). Y acostumbra tomar largos baños de sol, aprovechando las horas más benignas del día. Una sedosa piel lo protege de los rigores climáticos. Sin embargo, se salvó de rapacidad peletera porque "pelecha" -vale decir, recambia los pelos- de manera constante. Hoy, gracias a este "defecto", no figura entre las especies amenazadas como su pariente la chinchilla. De poco hubieran servido su agilidad para escapar a los saltos, la capacidad de dejar la cola cuando es atrapado por la misma y los chillidos que emite para alertar del peligro al resto del clan. Esos argumentos defensivos sólo valen con pumas y zorros colorados. Suri Cordillerano Se trata de la raza norteña del ñandú petiso. Un plumaje castaño lo distingue del choique, su grisáceo par de la Patagonia. Las diferencias son más numerosas respecto del ñandú común, comenzando por una talla decididamente menor (1,10 m frente a 1,80). Pero no tantas como para evitar que parezca su versión de bolsillo. Es un corredor excepcional, adaptado a las duras condiciones que impone la altura. Engulle todo lo que se le pone a tiro: brotes, semillas, flores, frutos, insectos, lagartijas e, incluso, pequeños roedores. Anda por las estepas altoandinas en grupos relativamente pequeños (hasta 15 individuos). Y practica la poligamia con entusiasmo. Los machos pagan un alto precio por el privilegio. Su responsabilidad reproductiva no termina en una cópula multitudinaria. Después les toca preparar el nido, atraer a las hembras para que lo llenen de huevos, echarse a incubarlos. El parque ocupa tierras que pertenecieron a la Estancia El Leoncito, cuyo origen fue la "merced" otorgada por la Corona española a don Diego Lucero de Tobar en el siglo diecisiete. La historia del establecimiento no se remite a la cría de ganado y el cultivo de sementeras. Entre 1814 y 1818, su casco sirvió de puesto de avanzada al Ejército de los Andes y, según la tradición, San Martín terminó de organizar allí la campaña libertadora. El rancho, además, hospedó a Sarmiento camino de sus exilios trasandinos. Y no lejos de sus horcones, las tropas sanjuaninas se enfrentaron a la montonera del "Chacho" Peñaloza. De aquellos tiempos sobreviven dos entrañables reliquias. Sobre el camino de acceso, a pasos del CASLEO, el centenario casco aún se mantiene en pie. Y algo más allá, en la Ciénaga de las Cabeceras, aparecen los gruesos adobones del Rancho del Cura, como se conoce a los vestigios de la casa de veranada del Presbítero Eleuterio Cano, fundador de Barreal y uno de los tantos herederos de Lucero de Tobar. El Leoncito también guarda recuerdos de un ayer más remoto. En el área intangible del parque, fuera del alcance turístico, hay una rica colección de arte rupestre, entre cuyos motivos se destacan "máscaras" y "hombres enmascarados" que evocan la imaginería incaica. Y todavía pueden distinguirse tramos del Inka Ñan (Camino del Inca) entre el Portezuelo del Tontal y el Valle de Calingasta. Hasta mediados del siglo veinte, la población local utilizó esta vía para unir Barreal con la ciudad de San Juan.
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