Ubicado en el noroeste de Salta, sobre la frontera con Bolivia, Baritú es el más septentrional de los cuatro parques nacionales que escudan la Selva de las Yungas y, por tanto, el más cercano a las "selvas madre" de la franja ecuatorial. Esta coordenada le concede una cuota mayor de humedad, calor y especies tropicales. Vale decir, una pujanza y una biodiversidad impares. Además, presenta un estado casi virginal. Sus cordones serranos -que superan los 2000 metros- y sus torrentes -que adquieren bríos aluvionales en época de lluvias-, libraron al área de la expansión agrícola y la sobre-explotación forestal y ganadera. En la Argentina, según los expertos, no hay muestra mejor conservada de la selva andina.
En 1968, la "incomparable riqueza faunística" y la "espesura prodigiosa" de Baritú cautivaron a los biólogos del Instituto Miguel Lillo. Tres años más tarde, contagiado por su fervor, el centro de estudios tucumano propuso que un parque nacional resguardara esos dones: "algunas especies vegetales que aquí tienen un desarrollo considerable, más al sur, en Finca El Rey o Tucumán, no pasan de ser arbolitos", subrayaba el informe del Lillo. La iniciativa prendió tanto en el gobierno salteño como en las autoridades de Parques Nacionales. Y en 1974, con la firma del presidente Juan D. Perón, se sancionó la ley que dio origen al parque. Más de setenta mil hectáreas de intocada selva se incorporaron así al patrimonio natural de los argentinos. Su marca distintiva corre por cuenta de la exclusiva chonta o palma de monte, el tamaño descomunal de cedros y laureles de la falda, la asombrosa maroma -epífita que asfixia y luego toma el lugar del árbol huésped-, el diseño tribal del pico de tucán -un decorativo pariente del banano- y la fronda antediluviana de los helechos arborescentes. Con estas curiosidades botánicas conviven animales no menos singulares, como murciélagos amantes de las frutas, puercoespines que trepan a los árboles y ranas que cargan sus huevos en un pliegue dorsal semejante al marsupio de los canguros. Hasta se llegó a sospechar que el único oso de Sudamérica frecuentaba Baritú.
Lo cierto es que, amén de coleccionar rarezas, otorga asilo a un nutrido elenco de animales en peligro, que encabezan el guacamayo verde, el tapir y el yaguareté ("es zona muy tigrera", reafirman los lugareños). La indiscreción turística está restringida al ángulo noroeste del área protegida, sobre cuyas márgenes se alzan los poblados de Lipeo y Baritú. En sus vecindades, a tiro de caminata, aguardan al visitante animoso las Termas del Cayotal, el espléndido angosto del río Lipeo, helechos de colosal estatura y cedros de hasta dos metros de diámetro. La localidad de Los Toldos -paso obligado al sector y sede de la intendencia del parque-, suma a esta oferta la inminente Reserva Nacional El Nogalar: ocho mil hectáreas de bosque montano y pastizales de altura, que hospedan "tigres", pecaríes, lobitos de río, ardillas, corzuelas coloradas, tarucas, pavas de monte, loros aliseros y cóndores. Llegar a estos lugares no es fácil. Pero el esfuerzo tiene un premio irresistible: la experiencia de hollar una de nuestras comarcas más agrestes y tomar contacto con campesinos que han sabido aprovechar su ofrenda por siglos sin hacerle daño.
El sector noroeste del parque reserva parajes cautivantes para el viajero dispuesto a cargar carpa y provisiones. Los dispersos caseríos de Lipeo y Baritú, donde se puede conseguir caballos, constituyen un obligado punto de partida para la exploración. Desde el primer "campamento base" se llega en dos horas de marcha a las termas del río Cayotal -ocasión para un baño revitalizante- y en poco más de tres a Campo Grande y los paredones de granito que "angostan" las aguas del río Lipeo. Desde el segundo -a 9 km de Lipeo-, se tienen a tiro de corta caminata el Angosto del río Baritú, una franja pródiga en helechos arborescentes y un imponente bosque de cedros, conocido como El Cedral. Realizar estos recorridos con la guía de un lugareño resulta siempre más enriquecedor y permite conocer la singular tradición comarcana. También es recomendable visitar a los artesanos de Los Toldos, que producen espléndidos tejidos, cucharas y bateas de cedro. Y, para partidarios de emociones fuertes, desafiar los rápidos del río Lipeo a bordo de un gomón (se organizan excursiones de rafting desde Salta).
Creación: 27 de abril de 1974, por ley 20.656
Eco-región: Selva de las Yungas.
Superficie: 72.439 hectáreas.
Origen del nombre: El parque lo heredó del caserío contiguo, "campamento base" de los científicos que propusieron su creación; significa "población pequeña" y deriva de las voces quechuas huario (población) y tu (diminutivo).
Puntos de interés: Lipeo (Termas del Cayotal, Campo Grande y Angosto del Lipeo) y Baritú (El Cedral, Helechos Gigantes y Angosto del Baritú).
Cómo llegar: Desde San Ramón de la Nueva Orán (Salta), por ruta nacional 50 hasta la frontera con Bolivia. Tras los trámites migratorios y aduaneros, se sigue dentro de territorio boliviano por un sinuoso y pintoresco tramo de la ruta panamericana hasta La Mamora. En esa población fronteriza, un puente sobre el río Bermejo permite reingresar a la Argentina y alcanzar la localidad de Los Toldos -que hospeda la oficina del parque- y el caserío lindero de Lipeo. Los 185 kilómetros del trayecto pueden cubrirse en automóvil o alternando distintos transportes (remise hasta Aguas Blancas, ómnibus de Pozo Bermejo a La Mamora, colectivo hasta Los Toldos, la camioneta de un lugareño hasta Lipeo). También es posible contratar los servicios de alguna agencia de turismo de Orán -ciudad a la que llegan ómnibus de todo el país- o la capital salteña, que está conectada diariamente por avión con Buenos Aires y Córdoba.
Acceso: No se cobra entrada.
Dónde alojarse, comer y cargar combustible:
El parque carece por completo de infraestructura receptiva; sólo se presta al acampe agreste. En Los Toldos hay un albergue municipal -que ofrece cabañas en alquiler-, hospedajes familiares, comedores, almacenes y un pequeño hospital. Pero no es fácil conseguir combustible. Conviene llenar el tanque en Orán o Aguas Blancas.
Clima: Tropical serrano con estación seca; temperaturas medias: 24° C en verano y 14° C en invierno; 1.800 mm anuales de lluvia, concentrados en la estación veraniega.
Temporada más propicia: Junio a comienzos de octubre; el parque queda aislado en época de lluvias.
Atractivos cercanos: Reserva Nacional El Nogalar, a un kilómetro de Los Toldos.
Para mayor información: Parque Nacional Baritú, CC 05, (4530) San Ramón de la Nueva Orán, Salta, teléfono (03878) 15401537, e-mail: baritu@apn.gov.ar
El Noroeste tiene su propio yeti:
el Uco, Ucumar o Ucumari. Se lo pinta como un ser de fiero aspecto, larga y oscura pelambre, ojos como brasas, fuerza descomunal y un grito que amedrenta hasta a los perros bravos. Entre sus costumbres, dicen, figura el rapto de personas con fines sexuales. La mítica criatura se inspira en el único úrsido de Sudamérica: el oso de anteojos o frontino (Tremarctos ornatus para los latines científicos), que en el área quechua parlante también recibe el nombre de ucumar. Vive en las selvas andinas, de Venezuela al sur de Bolivia. El arraigo local de la leyenda indujo a sospechar que antaño llegaba a la Argentina y quizás aún poblara las zonas menos accesibles y alteradas de nuestras Yungas.
Se confirmó su presencia en el departamento boliviano de Tarija, al que sólo separa de Baritú el franqueable río Bermejo. Pero hasta ahora no aparecieron signos convincentes de este lado de la frontera. Los biólogos opinan que del ucumar sólo queda el mito. La gente de las Sierras Subandinas, en cambio, insiste con que el oso -no el mito- sigue asomando el hocico por sus maizales.